La paz como el conflicto, son el resultado de las perspectivas y visiones del país en los últimos 50 años, el centro versus la periferia; la inversión del estado se ha enfocado en el centro del país principalmente, excluyendo territorios que coinciden hoy con las regiones del conflicto y que actualmente se encuentran en transición hacia territorios de paz.
La paz depende de una mirada diferente hacia las comunidades que estuvieron inmersas en el conflicto con consecuencias como desplazamientos y pérdida de su cultura, en territorios diferentes a su entorno de fauna y flora y sus oficios, artes y saberes.
¿Cómo acercar las dos visiones de dos países?
Primero, el reconocimiento de sus habitantes en su expresión cultural auténtica, muchos de ellos, campesinos agricultores que por generaciones tienen su propia cultura y expresión gastronómica; lo anterior nos permitirá entender también los procesos actuales de reconversión del cultivo de la coca a los cultivos tradicionales que han desarrollado por generaciones: cacao y caucho entre otros, que generan a su vez procesos innovadores y muy creativos de agroturismo como un valor agregado, el cual es el fortalecimiento de su cultura auténtica y la generación de ingresos adicionales.
El desconocimiento de la realidad del otro país es evidente, aún en las instancias del sector público y privado, por eso los habitantes de dichos territorios, son excluidos y estigmatizados con tratamientos no acordes con su cultura, tradición y su propia realidad.
La inclusión en las políticas de planeación y desarrollo económico para satisfacer requerimientos en salud, educación, infraestructura básica, entre otros, es fundamental para comenzar a generar confianza y legitimación del estado en estos territorios para lograr la tan anhelada paz.
El turismo sin duda ha sido, es y seguirá siendo un instrumento valioso para el crecimiento en el posconflicto y así lo demuestran los ejercicios productivos exitosos que seguimos desarrollando en varias regiones, incluyendo ex-combatientes de la guerrilla que le apuestan al turismo ofertado por las comunidades.
Sin embargo, para hacer más sostenibles los procesos se requiere una mayor participación activa de los habitantes en pro de su autonomía para una efectiva reincorporación a los territorios.
Una sola mirada a un solo país es la fórmula para la paz sostenible.
Javier Gómez Rueda
Corporación Turismo, Paz y Desarrollo