Turismo y minería… ¿pueden ir de la mano?

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Por Alexander Vicéns

Director de Turismo de la Alcaldía de Ibagué

Caño Cristales fue noticia las últimas semanas del mes de abril. El otorgamiento de la licencia de exploración petrolera a la multinacional Hupecol en esa zona, provocó debates sobre el real impacto de las actividades minero-energéticas en espacios naturales, e incluso, dio pie a la justificación del Presidente de Ecopetrol según la cual es más posible encontrar humanos secuestrados por OVNIS que acuíferos secos debido a la explotación minera. La noticia, más allá del escándalo mediático, abre el debate sobre la realidad que se está viviendo: Colombia es un territorio rico en su patrimonio natural, tanto por la importancia que tienen las dinámicas de los ecosistemas, como por la posibilidad que trae la explotación económica de los recursos.

Esta realidad lleva a preguntarnos si esa potencialidad económica que los entornos naturales ofrecen a las poblaciones, se deben medir por la velocidad en la generación de utilidades de una actividad económica o por las consecuencias que la actividad económica genera en el medio ambiente, en las costumbres locales y en la vida económica de las comunidades.

Para ser muy sincero, yo en absoluto discuto que la minería y el petróleo, siendo las  apuestas del gobierno de Juan Manuel Santos desde el año 2012, son grandes generadoras de empleo; generan desarrollo a gran escala alrededor de ellos…sinceramente no lo dudo y de igual manera las cifras de estos sectores los respaldan.

El turismo es una actividad que genera grandes beneficios pero a un mediano o largo plazo comparado con la inversión de las actividades minero-energéticas y que de igual manera requiere una gran inversión inicial, que no está respaldada por una demanda continua, como son los combustibles fósiles y los minerales.

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Con este precedente, pero al mismo tiempo con la evidencia de lo que ocurre cuando se ponen en marcha las actividades turísticas y minero-energéticas cabe la pregunta: ¿Al irse estas dos actividades qué queda?

Las actividades minero-energéticas para desarrollarse a plenitud, requiere transformación estructurales de la economía local, con el necesario acceso a grandes porciones de tierra respaldada por kilómetros de montañas, hectáreas y llanuras; estas grandes extensiones de tierra por lo general los rodean fuentes hídricas y variadas especies de flora y fauna; por otra parte obliga a la población local a cambiar actividades tradicionales del sector agropecuario para poder insertarse al sector industrial y las pocas unidades agropecuarias que quedan, se obligan a depender de un único demandante: La mina o el campo petrolero. Así que cuando el “único demandante” se va ¿qué queda?

Ahora hagamos el otro ejercicio… ¿cuándo se va el turismo que queda?

Es justo decir que un turismo mal planificado deja consecuencias negativas en las comunidades, pero la diferencia mayúscula es que tanto la minería bien o mal planeada siempre deja consecuencias nefastas. Las evidencias en el impacto negativo ambiental, social y económico son evidentes y son indiscutibles. El turismo bien planeado jamás se va de un destino…es un fenómeno que revaloriza la cultura y la identidad de las regiones con la capacidad de complementarse a las actividades económicas tradicionales.

Es por esto, y a partir del debate de Caño Cristales y ahora Salento, que cobran importancia las consultas populares para que la comunidad se exprese ante desarrollos económicos no sostenibles.

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